El trabajador puede renunciar, ¿y el futbolista?

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James Graham
Cancha, 15/12/14

 

En los últimos meses se habló mucho del caso Pulido. Desconocemos los hechos y quien tenga la razón. Sin embargo, es buena oportunidad para reflexionar sobre el estatuto laboral del jugador. Según la ley federal del trabajo, es un trabajador, aunque con ciertas especificidades. Cualquier trabajador que tenga la posibilidad de cambiar de trabajo para ganar más, puede renunciar a su trabajo y cambiar de empresa. ¿Porqué un jugador no pudiera hacer lo mismo?

El contrato. La primera razón es que normalmente su contrato con el club estipula que tiene la obligación de quedarse con el un cierto tiempo. Es legal. Es obligatorio. Ahora bien, el artículo 17 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores prevé que si el jugador no obstante el contrato quiere cambiar de club tiene que pagar una indemnización. A primer vista, como el trabajador ordinario, podremos pensar que el jugador puede renunciar….mas bajo la reserva de pagar el precio de su salida.

Indemnización. El jugador Webster se fue por esta vía sin embargo su club no estaba de acuerdo. El asunto llegó hasta la suprema instancia el Tribunal Arbitral del Deporte (“Tas” según sus siglos en francés, idioma oficial del Tribunal). El Tribunal dio razón al jugador, quien pudo liberarse de su contrato con el pago de una indemnización.

Penalidad. El brasileño Matuzalem también optó para renunciar y cambiar con otro club. Este asunto igualmente llegó al TAS. Esta vez, el tribunal dio la razón al club. Un jugador no puede renunciar, al menos no sin causa justa. El tener una mejor oferta de otro club no es una causa justa. Si no obstante la prohibición el jugador rescinde el contrato, tendrá que pagar la penalidad. En otras palabras, el artículo 17 no prevé una indemnización para liberarse, sino una penalidad para romper el contrato.

Club vs Jugador. Vemos en primer lugar porqué un jugador no puede renunciar antes del termino de su contrato. El club necesita estabilidad y previsibilidad. Su plan cuenta con el jugador para el tiempo pactado. Es entendible. Pero, en segundo lugar, es obvio que el deporte hoy no trata del amor del deporte, sino de un negocio. Para el jugador, su tiempo de negocios es limitado en el tiempo por su edad. ¿Porqué no podría tener la libertad, como cualquier trabajador, de poder cambiar du Club, si así conviene a sus intereses? La cuestión está en el aire. La respuesta obvia es que se requiere una regla de balance entre los intereses antagonistas entre jugador y club. No dudo que el TAS tendrá más de una oportunidad para pronunciarse sobre la cuestión.

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